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Por qué una pregunta breve requiere una respuesta larga? acaso es por temor a la equivocación? no es suficiente con decir si o no?

En realidad, ya sea si o no, posteriormente habría que explicar la razón de tal respuesta, y esa razón necesariamente pasa por aclarar bien la pregunta. Por ahí empezamos.

“Crees en Dios?” en realidad es una forma abreviada de consultar si aceptamos o no la existencia de Dios, y hacia eso vamos.

“Existe Dios?” es una pregunta que contiene al menos dos elementos que deben considerarse previamente: 1) a qué llamamos “existencia”, y 2) a qué nos referimos con la palabra Dios.

Empecemos con el asunto de la “existencia”. Por qué es importante considerarlo? no es obvio? – Definitivamente la existencia es obvia para las personas cuando nos referimos a objetos materiales (existe la silla en la que estoy sentado? existe la laptop en la que estoy escribiento?); la existencia no es tan obvia para otras categorías más abstractas (existe la felicidad? existe el pasado?) En cualquier caso, la existencia de algo se suele “demostrar” mediante sus manifestaciones sobre nuestros sentidos (veo la silla; me siento feliz.) Estas manifestaciones pueden actuar de modo bastante indirecto, incluso a través de extensiones tecnológicas a nuestros sentidos y a teorías  (por ejemplo, gracias a ciertos instrumentos y a la ciencia física, podemos deducir la existencia de hidrógeno y helio en el sol.)

Como regla general, todas estas manifestaciones así obtenidas de la naturaleza y posiblemente organizadas en cuerpos teóricos, en la mente reciben el nombre de “conocimientos”. Así, descubrir la existencia de “algo” significa obtener conocimientos acerca de este “algo”; dicho de otro modo, no puedo conocer la existencia de “algo” acerca de lo que no conozco absolutamente nada. De la misma manera, dudo de la existencia de aquello acerca de lo cual conozco muy poco o sin ninguna certeza (los seres extraterrestres, por ejemplo.)

Ahora prosigamos con “Dios”. Dejando de lado consideraciones retóricas o religiosas que pretenden dejar el asunto petrificado en un respetuoso misterio, tratemos de aproximarnos en el sentido de la pregunta inicial. A qué nos referimos con “Dios”? De no ser posible proporcionar ninguna caracterización, entonces nuestra pregunta inicial carece de todo sentido; sería equivalente a preguntarnos “Existe ese algo acerca de lo cual no diré nada?”.

Lamentablemente es usual que se se considere a Dios como indefinible e inabarcable con el pensamiento; la pretensión de caracterizarlo hasta es considerada irrespetuosa por algunos “eruditos en Dios”. A tal efecto no pretendamos definir a Dios, sino simplemente proporcionar algunas nociones o rasgos atribuidos como punto de partida, que permitan aclarar el sentido de la pregunta inicial. En tal sentido, Dios puede caracterizarse con una o más de las siguientes proposiciones más o menos arbitrarias (a gusto de cada persona):

1 Aquello que crea y/o es el origen del universo

2 Un ser (único) todopoderoso (omnipotente)

3 El mismo universo, incluyendo el (reducido) subconjunto que es perceptible por los humanos

4 Un personaje (con similitudes humanas) de bondad infinita

5 Un ser imposible de conocer, caracterizar, comprender y percibir para los humanos

Esto por supuesto no agota las caracterizaciones atribuidas a Dios, pero quizá nunca terminaríamos este texto si pretendiéramos incluir la totalidad de éstas.

Analicemos estas caracterizaciones. La quinta caracterización señala a Dios como algo imposible de ser conocido; más arriba señalamos la necesidad del conocimiento para percibir su existencia, de lo cual concluimos que sencillamente es imposible saber si existe Dios. Este enfoque no permite avanzar más en el análisis, pero es una respuesta válida en el sentido expresado. En conclusión, si Ud. considera a Dios como aquello esencialmente incognoscible, entonces efectivamente no está en condiciones de saber acerca de su existencia.

La segunda es también una caracterización problemática. La omnipotencia se presta a paradojas y tautologías, como aquella famosa acerca del poder de Dios de suicidarse (siento todopoderoso) pero manteniéndose inmortal. Del mismo modo, debe poder auto-eliminar sus propios poderes? La omnipotencia absoluta es incompatible con casi cualquier otra caracterización (por ejemplo, siendo bondadoso, Dios no podría hacer el mal.) Así, la omnipotencia requiere precisarse para poder ser discutida. Concretamente, lo esencial del carácter todopoderoso en Dios es su capacidad creadora, transformadora (y por lo tanto también destructora.) En este sentido, esta caracterización es similar a la primera (“Aquello que crea y/o es el origen del universo”.)

La cuarta caracterización está claramente sesgada en favor del hombre y quizá los sacerdotes. Bajo ningún criterio objetivo Dios tendría que ser similar al humano, ni el humano ser su creación más elevada. Del mismo modo, una infinita bondad es incompatible con las terribles atrocidades que realizan diariamente sus humanas creaciones. Más parecieran ser la bondad y la maldad subproductos humanos.

La tercera caracterización también resulta aparentemente sencilla: si Dios es el universo y si aceptamos que el universo existe (pues existimos nosotros que lo percibimos), entonces Dios tiene que existir. En tal sentido, Dios lo conforma todo: nosotros, mi laptop, etc. (visión panteísta.) Los problemas que surgen aquí están en relación a la vitalidad, inteligencia y personalidad de Dios: cómo hacerlo corresponder con un montón de rocas muertas? cómo identificar esa personalidad inteligente y bondadosa con las bajas pasiones humanas que lo conforman? La identificación de Dios como universo requiere una reducción del concepto de Dios a simple “naturaleza”, o de lo contrario adoptar una visión animista de esta última (los adoradores del rayo estarían en el camino correcto… los ladrillos de una casa son capaces de pensar y sentir al menos de modo muy elemental.) Pero en conclusión – con estas consideraciones algo difíciles de digerir para la mayoría de religiosos – Dios sí existe.

Procedamos entonces con Dios como “ser creador del universo”.

Recuerdo a un distinguido y estimado señor que me explicaba: “tus zapatos los hizo un zapatero; tu casa la hizo un ingeniero; entonces… alguien tuvo que hacer el mundo… ese alguien es Dios; ergo, Dios sí existe”.

Ahora bien, la analogía no es demostración rigurosa, por lo que debemos preguntarnos qué sabemos acerca de la creación del universo.

Al respecto, la ciencia física ha tenido avances muy interesantes, llevándonos a caracterizar (con una buena dosis de objetividad) incluso los primeros momentos de la creación del universo (todo ese asunto del Big Bang.) Pero al igual que en una reacción química tenemos a un químico que mezcla las sustancias, qué o quién ocasiona este proceso creativo universal? La respuesta inmediata del científico es su listado de leyes físicas. Podemos proseguir preguntando, por qué las leyes físicas son como son? por qué F=m1.m2/r^2, y no F=m1.m2/r^5? El científico tendrá probablemente a mano modelos más abstractos que permiten “demostrar” estas ecuaciones a partir de otras, y así sucesivamente. Sin embargo, en todos los casos, se parte de un conjunto de supuestos o postulados de la teoría científica, establecidos ad hoc. En este punto se puede plantear que una suerte de “inteligencia misteriosa” es quien ha definido este ordenamiento universal a través de sus grandes poderes. Y dado que nuestras mentes siempre buscan la correspondencia con lo conocido, tendemos a asumir que esta “inteligencia misteriosa” es una versión superior de nuestra propia mente y posee una versión superior de nuestras fuerzas materiales; así, proporcionamos una “personalidad” a dicha inteligencia, y le denominamos Dios con nombre propio.

Si le quitamos estos rasgos de “personalidad” (es decir, identificamos a un Dios creador deshumanizado), entonces tenemos que aceptar su existencia en dicho sentido (quizá esto sea lo que algunos grupos quieren indicar con el término neutral “Gran Arquitecto”.) Se podría argumentar que esta “inteligencia misteriosa” es innecesaria puesto que las leyes físicas son la consecuencia natural del caos, del mismo modo en que el poderoso huracán se forma a partir de una infinidad de vientos inicialmente dispersos; sin embargo, este orden “automático” a partir del caos también se convierte en una ley física que requiere su establecimiento por Dios.

Con estas consideraciones (que de seguro son inaceptables para los millones de religiosos que identifican a Dios con una gran cantidad de rasgos humanos, reales y paternales), también debemos aceptar la existencia de Dios.

Es de esperarse que Dios creador, transformador y destructor del universo “tenga conciencia” de cada una de las partículas de este (su) universo? por ejemplo, de cada ser humano? No deberíamos abrigar muchas esperanzas si hacemos analogía con un químico experimental que no considera cada gránulo o cada molécula de las substancias que hace reaccionar para obtener nuevos compuestos: sólo interesan las acciones a escala de miles de millones de moléculas. Pero la misma analogía se hace más interesante cuando consideramos que los científicos actualmente sí disponen del instrumental para manipular algunas moléculas individuales (especialmente con el asunto de la nanotecnología.) Trasladando la analogía en sentido inverso, ocasionalmente Dios sólo trataría con algunas partículas individuales (o en términos místicos, con algunos humanos elegidos o iluminados.) Esto nos obliga a preguntarnos acerca de las posibilidades de comunicación con Dios, como mecanismo de adquisición de conocimiento acerca de éste.

Limitaciones del conocimiento humano

En tiempos de los geniales Platón y Aristóteles, ni al más avispado pensador se le hubiera ocurrido pensar en cientos de imágenes en movimiento fluyendo de modo invisible a través del aire, mientras que hoy en día las ondas de TV nos parecen lo más natural del mundo.

Del mismo, los rayos en el cielo tormentoso han perdido hace mucho tiempo su naturaleza mágica, para explicarse en términos de la vulgar descarga eléctrica.

En otras palabras, el universo está en constante descubrimiento tanto teórica como experimentalmente. En cualquier momento de nuestra historia, la humanidad sólo conoce una fracción “F” de la totalidad del universo; si bien esta fracción “F” está en permanente crecimiento, nada, absolutamente nada, nos garantiza que algún día logremos completar el conocimiento total. Por el contrario, incluso asumiendo una duración infinita para la humanidad, es perfectamente posible que “F” siempre se mantenga limitado asintóticamente (F<M); incluso es de esperarse que “F” retroceda en tiempos muy calamitosos.

Si identificamos a Dios con el universo y/o con sus leyes más íntimas, la limitación “F<M” tiene algunas implicancias: la más obvia: la imposibilidad de conocerlo en profundidad, al igual que al universo.

En segundo lugar, si aceptamos una caracterización “inteligente” para Dios, muchas personas esperarían poder comunicarse con él (ya sea mediante rezos u otros medios) en forma análoga una audiencia real. Pero la comunicación requiere necesariamente de una “nivelación inicial de inteligencias”. Esto es lo que ocurre cuando un ser “inferior” en diversos sentidos se quiere comunicar con uno superior. Pensemos en las bacterias; cómo podrían éstas comunicarse con los seres humanos (si decidieran hacerlo) o viceversa? esta “comunicación” de seguro sería tan absurdamente elemental que difícilmente podríamos denominarla así. Entonces debemos preguntarnos, por qué Dios tendría que “nivelarse” con  los humanos cuya limitación intelectual es del orden “F<M”? Dejando de lado su omnipotencia, entonces quizá Dios no podrá jamás (aunque lo deseara) “conversar” con nosotros.
If the triangles made a god, they would give him three sides [Si los triángulos hicieran un dios, lo harían con [le darían] tres lados]

(Charles de Montesquieu)

Aproximación Fenomenlógica

Todo lo anterior puede ser rechazado de plano si se considera la limitación de los mecanismos racionales de adquisición de conocimientos. Esto es muy simple de comprender con un ejemplo trivial:

Para aprender a manejar una bicicleta, Ud. puede estudiar los reglamentos de tránsito, las rutas de los ciclistas, muchos libros de física y mecánica acerca de la rotación de las ruedas, la dinámica de los giros con aceleración centrípeta, los materiales livianos de alta durabilidad para las estructuras, etc. Ud. conocerá todo y más de lo que debe conocer un ciclista. Sin embargo, no podrá manejar la bicicleta.

La bicicleta sólo podrá ser manejada tras un proceso experimental, intuitivo e inconsiente de prueba y error (incluyendo algunas caídas.)

Así, si algo tan “infantil” como la conducción de una bicicleta no se puede conocer (y menos dominar) mediante lecturas, discursos ni ecuaciones, por qué pretender conocer a Dios a través de los textos? no es acaso más adecuado conocerlo de forma experimental e intuitiva? En tal caso los textos serían (en el mejor de los casos) un complemento a dicha experiencia.

Lamentablemente tampoco encontramos mucho consenso en lo que representa la “experiencia de Dios”. Para algunas personas el solo hecho de vivir y tener conciencia de esta vida representa la experiencia de Dios. Para otros, la experiencia es un cierto tipo de éxtasis alcanzado mediante rezos u otros mecanismos alucinógenos. Otras personas consideran que experimentan a Dios en situaciones extremas (por ejemplo, cuando “ven la película de su vida” al estar al borde de la muerte), o quizá en sutuaciones de extrema improbabilidad (como las balas que no impactan en Samuel Jackson en la genial Pulp Fiction.) Un caso particular de esta categoría lo constituirían las “iluminaciones” que alcanzan ciertas personas (por ejemplo, los budas y los santos.)

Cuán posible es explicar una experiencia “irracional”? La analogía de la bicicleta nos indica que sólo lo podemos hacer a posteriori, cuando una o más personas ya la han experimentado. En general, esto es lo que hacemos a diario con cualquier concepto abstracto. Por ejemplo, podemos conversar acerca de la “alegría” que experimentamos en algún momento, pero nunca definimos explícitamente a la “alegría”; simplemente asumimos que todos la hemos percibido y la utilizamos con total seguridad. Esto mismo ocurre con frecuencia entre las personas religiosas, las cuales asumen como punto de partida la “experiencia de Dios” y no se molestan en definirla (o en todo caso, asumen que las escrituras sagradas contienen las definiciones necesarias.)

Pero, cuán seguros estamos de la identificación de la “experiencia de Dios”? Dios realmente envía señales? O acaso estamos predispuestos a interpretar los fenómenos improbables de este modo? recordar que en las familias de padres religiosos, la creencia en Dios se hace tan obligatoria como la alimentación diaria. No resultará esto “perjudicial”, introduciendo un confuso “ruido” o sesgo en lo que debería ser una experiencia natural y personal con Dios?

Dicho de otro modo, cómo podemos asegurarnos que la experiencia de Dios es tal, y no un subproducto más de nuestro siempre sorpresivo inconsciente?

Recuerdo a un muchacho que aseguraba tener entrenamiento para realizar “viajes astrales”. El problema -decía- era poderlo distinguir de un simple sueño. Lamentablemente no pudo explicarme cómo hacía tal distinción.

En resumen, el inconsciente nos deja con más dudas que respuestas, y por eso algunos prefieren proporcionar como prueba los “beneficios tangibles” que proporciona la relación próxima con Dios. Por ejemplo, nos dirían, la gente que reza (en promedio) tiene mejor salud o se cura más exitosamente que aquellos que no lo hacen (aparentemente hay algunos estudios de esto.) Lo mismo se puede decir del yoga. Esto nos indica que la mente tiene incidencia directa en la salud física-lo cual es aceptado desde la antigüedad. Es esto prueba de Dios? Para muchas personas todo lo que no explica la ciencia actual tiene caracter de divino, por lo que estaríamos ante una prueba de la acción de Dios. Sin embargo, lo mismo podríamos afirmar (sin tanto circunloquio) de nuestra capacidad de caminar, de pensar, etc. Es el Dios abstracto identificado con la totalidad del universo del que escribimos anteriormente. Efectivamente, en este sentido debe existir.

De otro lado, cómo conciliar la experiencia mística? no habrán algunas de éstas que efectivamente sí sean comunicaciones con Dios (mientras que las otras son simples “sueños con esteroides”)? Así como mencionamos que nuestro conocimiento (racional) estaba limitado por F<M, es razonable postular que nuestro “conocimiento inconsciente” también está acotado y por tanto limitado para trascender a los sueños, corazonadas e instintos. En otras palabras, la conocida limitación de la mente consciente no singnifica automáticamente poder ilimitado para el inconsciente. Esto no proporciona mucha información nueva, pero al menos permite dudar de las explicaciones, jerarquías y alabanzas de las iglesias.

One Response to “ Existe Dios? Crees en Dios? ”

  1. Rosita
    June 1, 2010 at 3:23 pm

    Definitivamente, esta pregunta que te realizas es por que tu ser esta en búsqueda de Dios, por que esta escrito somos hechura de EL y hacia EL nos quiere llevar nuestro ser, lo que pasa en este mundo intelectual al cual tú perteneces DUDAS por que crees que necesariamente debe estar dividido la FE y la INTELIGENCIA, como data de muchos años, considero para tu crecimiento espiritual deberías leer las biografía del padre Pío y de todos los santos.
    Me despido con preguntas ¿Eres Feliz, sientes tranquilidad? ¿Estas en paz contigo mismo?
    Si la respuesta es SI hasta cuando te durará ..?
    Si es No Debes estar cansado de esta vida efímera no resistas más, mírate dentro de Ti, No Dudes más SOLO TIEMPO PERDERÁS ven a Jesús te espera para darte amor ..
    Por más que busques la dicha que encuentres no durará…Ven a Jesús que hay aliento de vida y sanidad ……..
    ESPERO PUEDAS LEER ESTE LINK
    http://dulceoracion.obolog.com/milagro-homicidio-ocurrido-egipto-enero-2008-92501

    DIOS TE BENDIGA Y LA VIRGEN MARÍA TAMBIÉN

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