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Relax aparente; desestresante imprescindible; ventana informativa… todos eufemismos para justificar la recepción visual de basura.
Asumamos un caso usual: un fulano que ve TV tres horas al día en promedio (por ejemplo, media hora en la mañana, y dos horas y media tras el trabajo, hasta quedarse dormido.)
Si este fulano duerme 8 horas al día; se alimenta (en total) durante 1.5 horas, se transporta (en total) durante otras 1.5 horas, entonces de las 24 le quedan 13; si de estas 13 invierte tres en la TV entonces su tiempo disponible se reduce a 13-3 = 10 horas. Aquel que no ve TV mantiene intactas sus 13 horas productivas.
En conclusión, 10 versus 13… 100 versus 130… ergo, quien no ve TV tiene 30% más tiempo para trabajar o instruirse, lo cual es una abrumadora ventaja en la vida. Dos niños pelean, uno tiene diez años y el otro trece… quién ganara?
Ahora bien, se argumentará inevitablemente que hay canales culturales que instruyen, pero valgan verdades, sus programas sólo suelen hacer notar aspectos pintorescos de la ciencia o las anécdotas más amenas de la historia, pero difícilmente instruyen. En la práctica, la TV se orienta a proporcionar programas de fácil digestión que promueven la ociosidad mental (y por tanto son disfrutables por cualquiera); se orienta a proporcionar valores equívocos (todo por el rating; la capacidad de ridiculizar al resto como máxima virtud) y su función informadora suele ser tan dinámica, antojadiza y dramática que el televidente no adquiere más profundidad de análisis que el caminante que lee titulares de reojo.
Por eso y muchas cosas más, si necesita una nueva chance para arreglar su vida, entonces deje su TV en la basura: resultados garantizados!
